jueves, 13 de noviembre de 2014

La dialéctica en el proceso de formación del hombre andino y europeo

El proceso de desarrollo andino
Luego del proceso inmigratorio hacia nuestro continente y el consecuente establecimiento en el territorio andino, el hombre ha tenido que pasar por diversas etapas, diferenciadas entre ellas por el sistema de producción de alimentos: nomadismo andino, desarrollo agrícola incipiente y agricultura más sofisticada (lítico y arcaico: inferior, medio y superior). Con esta última, iniciaría su desarrollo de manera más compleja al sumar en sus actividades múltiples herramientas que le ayudarán en su difícil trayectoria de adaptación, donde la religiosidad asumirá un papel muy significativo. [1]
Fueron condicionantes de este proceso de formación, el territorio (diverso y con pocos suelos cultivables), las catástrofes climáticas o fenómenos naturales, el crecimiento demográfico, lo cual impulsarán en el poblador andino el ingenio suficiente, haciendo que su espíritu inventivo se agudice para superar esas limitaciones, todo con el imperioso objetivo de cubrir sus necesidades.
Entonces, tuvieron que elaborar técnicas diversas como el desarrollo de andenerías (para aprovechar los espacios cultivables y evitar la erosión de los cerros), obras de ingeniería hidráulica, sistemas de canalización, acueductos, muros de contención, utilización de abonos, entre otros, para poder asegurar el sustento de la población de aquella época. Pero, esta prosperidad conduciría a un incremento poblacional que no estaría prevista en lo planificado, por lo que devendría en la fragilidad de la sobrevivencia, teniendo que recurrir nuevamente a un mejoramiento de todas aquellas técnicas anteriores con el fin de aumentar la productividad de los suelos, dando lugar a mayores exigencias productivas y culturales, cada vez más eficientes. [2]
Es en esta etapa donde la religiosidad tomará mayor presencia y realce en las determinaciones de sus actividades y cubrirá un vacío muy importante en un aspecto de su pensamiento, puesto que va a definir la vida cultural y religiosa del Perú antiguo. En este sentido, las creencias religiosas prehispánicas serán el propósito de sus ritos, necesarios para obtener la protección de las divinidades de la naturaleza vinculada a una adecuada producción de alimentos. Estas divinidades relacionadas al sustento serán los dioses tutelares de la antigüedad peruana que perdurarán por muchos milenios, por lo que el arqueólogo peruano Federico Kauffmann Doig lo ha llamado “ángel atigrado” o piscoruna-pumapasimin (hombre ave con boca atigrada) debiendo corresponder al Dios del Agua andino, el cual es representado con algunas variaciones desde Chavín hasta el incanato.[3] Así como Él, se gestarían otras divinidades como el sol, la luna, el rayo, la tierra, el fuego, etc., siempre vinculados al sustento.
Es evidente que todo el esfuerzo realizado por aquellos primeros pobladores en su proceso de formación cultural, hace notar que los múltiples condicionamientos o limitaciones que tuvo a lo largo del proceso histórico peruano, debió acrecentar su ingenio e impulsar su desarrollo. Estas limitaciones debieron convertirse en retos cada vez más superables, teniendo la urgente necesidad de abarcar mayores espacios territoriales posibles, lo cual generó una circunstancia de interrelación política, social, económica y religiosa en pro de que aquellas poblaciones lograsen sus objetivos comunes a lo largo de toda su dinámica de subsistencia. [4]
Entonces, la labor del sacerdote andino tendría considerable trascendencia, siendo el nexo entre las divinidades (principalmente de la astronomía) y los hombres, para proveer de recursos y técnicas a la actividad agrícola, la cual debido a su importancia en la sostenibilidad poblacional sería la base económica. Es por ello que, de la sabiduría del sacerdote dependería toda prosperidad, tomando en cuenta de que los factores climáticos inciden directamente en la baja productividad, por lo que la calendarización estaría totalmente ligada con los tiempos de siembra o cosecha. Debido a ese aspecto, es que en aquella época se considera que nadie pudo haberse dado el lujo de ser un no creyente, porque la religiosidad era determinante en todos los aspectos de su vida, puesto que la naturaleza le brindaba todo, y en respuesta había que brindarle una ofrenda por los beneficios obtenidos.
La religiosidad comienza a tener mayor impulso en la vida del poblador andino y lo guiará a lo largo de su trayectoria [5], recurriendo éste a divinidades que provoquen miedo pero que a la vez los cuide y provea de recursos; por eso, el hombre empezarán a edificar grandes construcciones, con ese motor que implicaba más el objetivo que todo el esfuerzo imaginado.
En todo este transcurso, se dio también un proceso de fortalecimiento de las relaciones de género (dualidad andina), donde se llega a establecer una dialéctica de oposición complementaria entre el varón y la mujer, dos contrarios que conviven en una unidad familiar que se desarrolla dentro de la amplitud de vínculos en el ayllu. El sentido de afianzamiento sedentario generado por el conocimiento agrícola, habría tenido un soporte de ambos componentes, porque tanto varón como mujer compensan en sus funciones, por lo que no habría correspondido exclusivamente a uno de ellos
La etnoarqueología determinará la manera de cómo aquellos elementos encontrados a lo largo del proceso de formación cultural andina, construirán un enfoque explicativo acerca de las diferentes actividades: uso de los instrumentos, ritmo de vida, ritualidad y cotidianidad de los pobladores en el Perú antiguo, tipo de alimentación, ideología, etc.

El proceso de desarrollo europeo
Luego de que el hombre ha evolucionado progresivamente y haber transcurrido desde la etapa del Paleolítico hasta la conformación de grandes civilizaciones (utilizando en su proceso el uso de herramientas de piedra, instrumentos a base de metales, cerámica, elaborando construcciones, etc.), definirá su forma de vida el desempeño de acuerdo a cada circunstancia y espacio geográfico. Es así como surge la agricultura, la cual se habría podido desarrollar gracias a la intuición de la mujer, pero también a su disponibilidad de tiempo porque ella no podría ir a cazar como el varón, quien ya establecería su sentido de liderato dentro del grupo. Entonces gracias a la agricultura, empezarían a desarrollarse las pequeñas aldeas, las construcciones, las consiguientes civilizaciones y el progreso llegaría por continuidad.
Por otro lado, la fundición de metales surgirá para que las poblaciones puedan utilizarlas en elaborar herramientas para la agricultura, luego para defenderse de otros grupos humanos que los puedan asechar, pero también les servirá para atacar, momentos en los cuales ya se define la propiedad privada con un sentido individualista. El motor que implica el desarrollo agrícola y la sedentarización tendrán como gran aliado a los metales, los que servirán para poder expandirse, producto del gran poderío de las armas. Las guerras motivarán en cada grupo humano, el poder dominar territorios aptos para solventar la crisis poblacional y su sustento, pero también para poder obtener mano de obra esclava en sus colosales construcciones.[6]
Es así que, la guerra será el motor por la que Europa se desarrolle, puesto que cada población debía de preocuparse por defenderse y no ser esclavizada y luego conseguir mejores territorios, mayor hegemonía, ampliar sus fronteras y consolidarse en un espacio donde sólo el más fuerte sobrevivía.
Aun así, la agricultura sería un logro del sedentarismo, (trigo y cebada como primeros productos), iniciándose más que una actividad de explotación, como una muestra de pertenencia al territorio. Precisamente, un hallazgo en 1994 en Turquía por el arqueólogo alemán Klaus Schmidt serviría para establecer una propuesta de cambio en la cronología tradicional, donde están establecidas las etapas del Paleolítico, Mesolítico y Neolítico, cada una con sus respectivas características, de las cuales la revolución agrícola y ganadera corresponderán exclusivamente al Neolítico. Es a partir de este gran cambio que los grupos humanos comienzan a desarrollar grandes civilizaciones y luego imperios.
En cada paso de evolución surgirán nuevas necesidades y también el aumento poblacional será una constante presión, por lo que, con la agricultura se establecerá la propiedad privada, el individualismo, la protección del grupo por medio de armas para cuidar su propiedad, y luego también con el afán de expandirse surgirá la necesidad de atacar a otros grupos. Ya los recursos comienzan a escasear y los conflictos son cada vez mayores.
En un territorio donde hay variedad de suelos, pero también muchos otros grupos humanos, se hace cada vez más difícil sobrevivir por la misma condición de inseguridad que rige sus vidas. El grupo humano que podía desarrollar mejores herramientas y armas, podía permitirle un mejor sustento y seguridad a su población. Pero todos pensarían igual, todos tendrían esa imperiosa necesidad al estar en una nueva etapa que contempla esos nuevos condicionamientos. Es por ello que la guerra será un determinante muy importante en el proceso de desarrollo europeo, porque encaminaría el progresivo desarrollo en las armas, la constante inventiva militar para no ser una población que cayera subordinada o esclavizada por otra, teniendo que dirigir sus esfuerzos en la utilización de los metales (en sus diferentes etapas), mejorar sus resultados y potenciar sus estrategias.
La guerra será el motor evolutivo en Europa y posteriormente lo será la lucha de clases cuando se establezca la dinámica comercial y el trueque sea reemplazado por la moneda. Ahí surgirán las diferencias sociales en función a sus posesiones, política, religiosidad, ideología, etc., ahí se generarán también antagonismos socioculturales: las clases dominantes y los dominados, los gobernantes y gobernados, los ricos y pobres, la élite y el pueblo, y en general, la explotación del hombre por el hombre debido al manejo de los medios e instrumentos de producción.
Es por todo ello que a Europa le presiona el sistema medieval y lo limitan sus esquemas, estando a merced del comercio y en base a rutas comerciales establecidas con Oriente y Asia[7], y cuando va a ser tomada Constantinopla por los turcos otomanos, las poblaciones europeas de Occidente tendrán que buscar una nueva ruta de acceso. Con ello, la invasión hacia otros sectores se hace inminente y toda la carga institucional posibilitará el dominio extremo en África (Portugal) y América, donde España asumirá una postura totalmente nueva en una circunstancia que nunca antes había atravesado como lo era la colonización a través de la evangelización estratégica.
Entonces, el desarrollo por el que había atravesado Europa hasta el logro expansivo ya no sería en base a la revolución agrícola, sino habría sido el impulso religioso, todavía hace unos 11 mil años atrás, porque se pensaba que las tribus de cazadores-recolectores (antes de la aparición de la agricultura: 7 000 a.C.) no construían más que chozas, gente prehistórica que todavía no se habían desarrollado herramientas de metal o incluso alfarería. El lugar que precisa ese inicio de la civilización se llama Göbekli Tepe (megalitos anteriores a Stonehenge por unos 6.000 años), y Schmidt, el arqueólogo que ha estado trabajando ahí hace más de una década, está convencido de que este es el sitio del templo más antiguo del mundo. De acuerdo a las características del lugar, cada anillo encontrado tiene un diseño más o menos similar: en el centro son dos pilares en forma de T grande de piedra rodeada de piedras ligeramente más pequeñas hacia adentro, según Schmidt. Las torres tienen 16 pies y pesan entre siete y diez toneladas. Entre estas torres se ve que algunas son en blanco, mientras que otras están tallados minuciosamente: zorros, leones, escorpiones y buitres abundan, retorciéndose y arrastrándose sobre los lados anchos de los pilares de caliza.[8] A la fecha, Göbekli Tepe, es la evidencia del primer santuario construido, por lo que a raíz de los grabados se cree que esta zona era como un paraíso.[9] De acuerdo a su función, podría ser un templo, un santuario o un centro de peregrinación de los cazadores seminómades.[10] Lo que sí cambia es la idea que se tiene sobre los grupos de cazadores-recolectores de aquella época, considerados como clanes aislados. Habría sido necesaria una organización a gran escala para construir este conjunto megalítico, lo cual potenciaría la idea, en base a las evidencias, de que la religión organizada pudo haber llegado antes de la aparición de la agricultura y por consiguiente de otros aspectos civilizatorios.

Conclusiones
Está establecido que América proviene de un proceso migratorio, pero la capacidad de adaptación al territorio fue un logro propio, donde la religiosidad sería un respaldo a través de las divinidades de la naturaleza (entidades visibles), diferentes al esquema religioso europeo.
Así también de diferente lo serán las dinámicas económicas, porque en América se hacía uso del intercambio (desde Caral), donde no existía el sentido de lucro como cuando se estableció la circulación monetaria en Europa y la posterior dependencia en el comercio; con ello, el sentido de progreso estaría definido mediante el dominio político que desencadenan las guerras que contemplaba la expansión militar mediante la hegemonía sobre poblaciones vencidas y esclavizadas, precisando en victoria al conseguir la muerte del jefe vencido.
En la etapa Inca (incluso antes en el Cusco, con los Qotacalli) la expansión se dio a base de las conquistas étnicas, motivo por el cual se mantuvo vigente muchos elementos culturales y hasta los propios jefes vencidos fueron asimilados a escala social de la nobleza regional.
Cada proceso de desarrollo se establece de acuerdo al contexto social, forma de vida, requerimientos, limitaciones, objetivos de la población y direccionalidad de su clase dirigente en pro de satisfacer sus múltiples necesidades. Así también lo será la religiosidad como factor importante desde el establecimiento del hombre y su grado de conciencia.
Es por ello que, el hallazgo de Göbekli Tepe, supone que la agricultura no fue necesariamente el motor que impulsó a que las actividades del hombre se centraran en su autoabastecimiento, generando más tiempo en los habitantes que ya no irían en busca de alimentos como cazadores o recolectores, entonces podrían realizar construcciones imponentes. Lo religioso o la conciencia de lo sagrado sería el gestor de la civilización, de la escritura y del arte. Entonces, la religiosidad iría luego de la mano con la agricultura para poder tener así un respaldo en las divinidades y cuidasen de la vida de la humanidad.

BIBLIOGRAFÍA
- CAUVIN, Jacques. Turkey: Archeological Dig Reshaping. Human History. Newsweek. US Edition. United Stated, 2010.
- CURRY, Andrew. “Gobekli Tepe: The World’s First Temple?” In: Smithsonian Magazine. United Stated, 2008.
- JASTROW, J. Historia Universal. (Traducido por V. Latorre). Editorial Labor. Barcelona, 1937.
- KAUFFMANN DOIG, Federico. Historia y Arte del Perú Antiguo. Tomo I. Edit. PEISA, Lima, 2002.
- KLARÉN. Peter F. Nación y sociedad en la historia del Perú. Edit. IEP. Lima, 2000.
- PIRENNE, Jacques. Historia Universal. Desde el Renacimiento hasta la formación de los grandes estados continentales en Europa (siglos XVI y XVII). Instituto Gallach de Librería y Ediciones. Madrid, 1979.
- SÁNCHEZ GÓMEZ, Julio, MIRA DELLI-ZOTTI, Guillermo y DOBADO, Rafael. La savia del imperio. Tres estudios de economía colonial. Ediciones Universidad de Salamanca. Imprenta Kadmos, Soc. Coop. Salamanca, 1997.




[1]     Debido a la nueva dinámica agrícola es que el poblador andino, recurrirá a la invención de la cerámica (almacenamiento productos, traslado del agua, objetos de culto), los textiles, la orfebrería, las pequeñas aldeas, los centros ceremoniales, la propiedad, el comercio, desarrollando con ello altas culturas.
[2]     El poblador andino, tomará en cuenta posteriormente que las áreas de cultivo no deben ser utilizadas para viviendas, evitando así el desperdicio de suelos y el mejor aprovechamiento de sus recursos.
[3]     Kuaffmann Doig, Federico. Historia y Arte del Perú Antiguo. Tomo I. Edit. PEISA, Lima, 2002. Pág. 36-37.
[4]     Factores simultáneos de diacronismo y sincronismo les permitirían convivir dentro del territorio andino. El primero porque cada grupo poblacional tendría sus propias características culturales, que en algún momento desencadenarían conflictos; y el segundo, porque podrían interrelacionarse dentro del mismo escenario con fines u objetivos en particular (área cultural y área territorial respectivamente), generando posteriormente la variada herencia cultural que poseemos.
[5]     Es entonces que el sacerdote andino tiene una enorme responsabilidad en el porvenir de las poblaciones, porque de su función dependerá el sustento para todos, por eso es un personaje sabio, es astrónomo y es también militar, dependiendo de las características culturares de cada población.
[6]     La religiosidad también jugará un papel muy importante porque define su vida creyente, sus calendarios en base a los astros, pero a la vez el aval en cuantas batallas debían afrontar.
[7]     Las especias, prioritariamente harán depender a Europa de recursos necesarios no sólo como condimentos, sino como medicamentos y para la conservación de los alimentos. Muchos otros inventos sumamente útiles (especialmente para la navegación) y el comercio de la seda, se convertirán en los principales ejes de interrelación entre Europa por un lado y Medio Oriente y Asia por el otro.
[8]     CURRY, Andrew. “Göbekli Tepe: The World’s First Temple?” In: Smithsonian Magazine. United Stated, november 2008.
[9]     De hecho, Göbekli Tepe se asienta en el borde norte del Creciente Fértil, un arco de clima suave y tierras de cultivo desde el Golfo Pérsico al actual Líbano, Israel, Jordania y Egipto, el cual habría atraído a los cazadores-recolectores de África y el Levante. Schmidt no ha encontrado pruebas de que las personas residían de forma permanente en la cima del mismo Göbekli Tepe, que cree que se trataba de un lugar de culto en la primera de una escala evolutiva sin precedentes, por lo que se vislumbra como la primera catedral de la humanidad.
[10]    El arqueólogo francés Jacques Cauvin piensa que en el ser humano, en algún remoto momento, sufrió un cambio en la conciencia que llevó a la  ”revolución de símbolos”, un cambio conceptual que permite a  los seres humanos imaginar dioses, seres sobrenaturales parecidos a ellos que existen en un universo más allá del mundo físico. Schmidt ve Göbekli Tepe como evidencia de la teoría de Cauvin, porque comenta que “los animales eran los guardianes del mundo de los espíritus”.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Historia de la Facultad de Letras (Ciencias Sociales - UNSAAC)


Los inicios de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco y la Facultad de Letras, en la memoria del gran maestro Dr. Horacio A. Villanueva Urteaga
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Por: Juan Fernando Vargas Béjar

Fue mediante el primer Decreto Supremo del 20 de octubre de 1866, que se ordena el establecimiento en nuestra Universidad de tres Facultades: Derecho, Ciencias y Letras, advirtiendo en su artículo 1, que eso será “por ahora”, dejando así la posibilidad de la creación de nuevas facultades en lo posterior.
La Facultad de Letras constará de las siguientes asignaturas:
- Historia, que comprende Historia general de América y el Perú, Geografía de la Historia y estudio de las antigüedades, así como también Filosofía de la Historia (Profesor titular, D.D. Mariano Espinoza y Dr. D. Ricardo Villa, Profesores auxiliares, D. Juan Cornelio La Torre y D.D. Ángel Colunge).
- Literatura, que comprendía la enseñanza de Gramática general, Literatura comparada e Historia Crítica de la Literatura (Profesor titular y Decano de la Facultad D.D. Pío Benigno Meza).
- Filosofía, que comprende la Filosofía tradicional, los Fundamentos de la Religión y la Historia de la Filosofía (Profesor titular D. José Teodosio Rozas).

Dicha Facultad estaría dirigida por un Decano nombrado por el Gobierno. Cada Decano y dos profesores elegidos por la Facultad formarán la Junta Directiva o Consejo Universitaria, presidido por el Rector. De acuerdo a este Decreto, los Decanos deberán remitir “a la brevedad posible”, el reglamento de la Facultad y la Junta Directiva el “proyecto de reforma” de la Universidad para su aprobación.

Primeras autoridades de la Facultad de Letras:
- Decano y profesor de Literatura: Dr. D. Pío Benigno Meza
- Profesor de Historia: Dr. D. Ricardo Villa
- Profesor de Filosofía: Dr. D. Teodosio Rozas

Todas las medidas adoptadas por el Gobierno del General Mariano Ignacio Prado Ochoa, destinadas a la definitiva estructuración universitaria, fueron sugeridas por el Prefecto del Cusco Dr. D. Manuel Celestino Torres, quien tenía la autorización de designar los locales donde debían funcionar las Facultades. El Dr. Torres propuso entonces el establecimiento de lo que entonces la gente se empeñaba en llamar “Colegio Universitario” en el primer patio del convento de la extinguida Compañía de Jesús, que servía entonces de cuartel.[1]

La Facultad de Letras se vio también precisada a organizar sus estudios por años. Es así que en la sesión de Consejo Universitario en el periodo del Rector Manuel Antonio Zárate, del 24 de julio en 1874, quedó planificada en la siguiente forma:

- Primer Año: Sociología Lógica, Gramática General, Retórica e Historia Antigua.
- Segundo Año: Moral y Metafísica, Poética, comprendiendo la Estética e Historia de la Edad Media.
- Tercer Año: Religión, Literatura Castellana e Historia Moderna.
- Cuarte Año: Historia de la Filosofía, Historia de la Literatura General e Historia General de América y especial del Perú.

Para fines del siglo XIX la Facultad de Letras entregó 10 grados de Bachiller y Doctorado durante la etapa laica del claustro, siendo digno de recordar los brillantes chispazos de liberalismo que brotaron de las tesis de algunos graduandos, aliado del vigoroso elemento conservador de la ciudad. Este movimiento liberal se enraizó en el espíritu de los estudiantes y como recuerda José Gabriel Cosio: “los últimos años del siglo XIX se caracterizan para la juventud universitaria y para el medio intelectual del Cusco por su enorme agitación e inquietud”.

Se publica en aquella fecha, el periódico “El Cuzco”, de corte anticlerical, combativo, luchador y desafiante, las polémicas se encienden y la lucha religiosa está a la orden del día.

Ya para inicios del siglo XX se fue creando, no sólo en el ambiente universitario, sino en la ciudad, el anhelo de un movimiento dirigido a cambiar a los directivos del claustro y la docencia, a fin de transformar radicalmente la estructura de la educación. Luis E. Valcárcel informa que, con tal objeto, Ángel Vega Enríquez comenzaba a reunir en la redacción de su periódico “El Sol”, a varios jóvenes que asimilaron el indigenismo y admitieron su influencia intelectual en tal forma que fue formándose en núcleo de la huelga de 1909, que luego integraría la “Escuela cusqueña”. (Valcárcel, Memorias, 145). Esta fue la primera huelga universitaria de nuestra vida republicana, preparada en parte fuera del claustro el 7 de mayo de 1909 (mucho antes que la de Córdoba en Argentina).

Ya en el gobierno del norteamericano Alberto A. Giesecke (1910), se fundó la Revista Universitaria, órgano oficial del claustro antoniano que comenzó a publicarse en 1912. Según Valcárcel, se interesó mucho por los indígenas y fue el primero entre los maestros en llevar a los alumnos a las comunidades indígenas, donde se educaba en la observación de aspectos particulares, “nos enseñó a observar la realidad con actitud crítica” (Valcárcel, 9).

Los catedráticos de la Facultad de Letras durante el gobierno de Giesecke, fueron:
- De Historia de la Civilización y Sociología: Dr. José Gabriel Cosio.
- De Estética, Historia del Arte y Pedagogía: Dr. Cosme Pacheco.
- De Literatura Antigua y Moderna y, Literatura Castellana: Dr. Felipe S. Paredes.
- De Filosofía e Historia de la Filosofía Antigua y Moderna: Dr. Alejandro Pacheco Concha.

En 1909, el número de alumnos en la universidad fue de 101, luego en 1912 fue de 150 y en 1919 llegaron a ser 170. Cuando Giesecke deja la universidad en 1923, para asumir la Dirección General de Enseñanza en Lima, el número de alumnos debió aproximarse a 200.
Cuando el Dr. Horacio A. Villanueva Urteaga ingresó como estudiante a la Facultad de Letras, la universidad tenía como local sólo el hoy llamado central de la Plaza Mayor, con instalaciones, aulas y oficinas muy modestas que servían a un alumnado corto que pasaba ya de 200 estudiantes en todo el claustro, pero que al año 1941 aumentó hasta 780. Según Villanueva, “destacaba entre ellos en primer lugar, el Dr. Alberto Delgado Díaz, quien había hecho ya larga historia personal en el campo de las letras y la política. Profesor de Filosofía, espontáneo e inteligente divulgador de las materias de su especialidad… ameno y cautivante. También era amigo generoso y desinteresado, pues, compartía con sus alumnos la lectura de sus libros de su rica biblioteca y hasta nos invitaba a su casa… para comentar y discutir los temas de nuestro especial interés intelectual… además de docente, Delgado fue un gran poeta.” (Villanueva, 184-185).

Otro gran docente fue Luis Velazco Aragón, quien ingresó a la docencia universitaria en 1948, quien dio todo al servicio de un magisterio ejemplar, desarrollando cátedra de peruanismo rotundo, a quien luego de jubilarse se le nombró como catedrático emérito. De otro estilo pero igualmente distinguido fue Julián Santisteban Ochoa, quien con apasionado fervor cusqueño dedicó su existencia al estudio de temas que hasta entonces a nadie había preocupado: la Confederación Perú-Boliviana y la historia de la Universidad del Cuzco. Historiador de profesión y formación, escribió también sobre “Los Cronistas del Perú”, que redactó para sus alumnos de la asignatura de Fuentes de la Historia. Como él destacó también el Dr. Alfredo Yépez Miranda, profesor de Literatura, cuyo aporte al indigenismo le dio meritorio reconocimiento.

Bibliografía

COSIO, José Gabriel. La Universidad de San Antonio Abad del Cuzco. Somera sinopsis de su Historia. En: Revista Universitaria. Año XXXIV. Nros. 88-89. Cuzco, 1945.

SANTISTEBAN OCHOA, Julián. Algo de nuestra Historia sobre la Universidad. En: Revista Letras. Nro. 1. Cuzco, 1948.
Documentos para la Historia del Cuzco existentes en el Archivo General de Indias de Sevilla. En: revista del Archivo Histórico del Cuzco. Nro. 11. Cuzco, 1963.

VALCÁRCEL, Daniel. Libro de oposiciones de la Universidad de San Antonio Abad del Cuzco (siglo XVIII). Lima, 1953.

VALCÁRCEL, Luis E. Memorias. Lima, 1980.

VILLANUEVA URTEAGA, Horacio. Fundación de la Universidad Nacional de San Antonio Abad. Cusco, 1987.
Cuzco Monumental. Cuzco, 1989.



[1] Se desarrollaría un año después la rebelión organizada por el Sargento Mayor del Cusco, don Andrés Esteban Salas contra el gobierno lo que no permitiría ocupar inmediatamente el mencionado local. El militar aparentemente resentido porque fue retirado de la Columna de Vigilantes del Cusco, aprisionó al Prefecto Torres, designan como nueva autoridad al Dr. Narciso Aréstegui.

viernes, 31 de octubre de 2014

C.P. HISTORIA

Asignatura: Pensamiento Politico Peruano, siglo XX

Análisis del video:
Conferencia Magistral del presidente de Ecuador, Rafael V. Correa Delgado:
"El ser humano por encima de las utilidades" (Guatemala: 19-08-2014)



Ciudad Yachay - Ecuador



Lectura: Ficha N° 7:
José Uriel García Ochoa (Fotocopiadora)

domingo, 26 de octubre de 2014

C.P. HISTORIA

Asignatura: Fuentes de la Historia

El Reportero de la Historia

Juan Polo de Ondegardo

(Por Francisco José del Solar Rojas)

Juan Polo de Ondegardo es el gran creador del derecho indiano criollo. Nació en Valladolid (España) y falleció en La Plata, el 4 de noviembre de 1575. Sus padres fueron Diego López de León y Jerónima de Zárate. Se desconoce con exactitud dónde accedió a la notable formación jurídica que ostentó desde su llegada al Perú. Sin embargo, presumimos que fue en la Universidad de Salamanca, por el diálogo que sostuvo con el primer virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, a quien detuvo por orden de los oidores de la Real Audiencia de Lima. Empero, ¿cómo y por qué el licenciado Polo de Ondegardo vino a nuestro país?

De acuerdo con el ilustre historiador Raúl Porras Barrenechea, el viaje de Juan Polo de Ondegardo obedeció a la invitación que le hizo su tío materno, el cronista Agustín de Zárate. Por otro lado, traía la representación del capitán Hernando Pizarro, hermano del gobernador Francisco, para encargarse de sus intereses producto de la conquista, habida cuenta que él ya no regresaría a las tierras del Tahuantinsuyo. La travesía al nuevo continente la hizo en la armada que trasladó al flamante virrey Núñez Vela, con quien entabló relación de amistad. En este contexto, ignoramos también cuándo y por qué nuestro personaje adoptó el nombre de Juan Polo de Ondegardo.

Lo cierto es que, además de Porras, los que más han estudiado y trabajado la vida y obra del abogado valladolidano son los historiadores Horacio Urteaga y Carlos A. Romero, quienes editaron parte de los manuscritos de Polo, en 1916 y 1917. Asimismo, el historiador y abogado Guillermo Lohmann Villena, al investigar y difundir nuestra historia de esta confusa época, de donde se puede desgajar el aporte jurídico del ilustre soldado y jurista de la Conquista que sentó las bases del primigenio derecho peruano. Dicho sea de paso, nos adherimos a la tesis de que no hubo derecho inca, sino un pre derecho, el cual tuvo algunas fórmulas primitivas de control económico, político y de orden social. Empero, ahora nos interesa subrayar los aportes jurídicos de este valladolidano, licenciado en leyes.

Para Porras, Polo de Ondegardo no fue un cronista en el real sentido de la palabra. La historia le interesó poco o nada. Llegó a ella por accidente, sólo para “sustentar medidas administrativas referentes a los indios o para probar fórmulas jurídicas favorables al dominio español en América”… “Lo que le preocupa es el fenómeno jurídico, y la costumbre viviente de su época más que la pasada”. De ahí que interroga a los indios, de arriba y de abajo, sobre la organización y controles establecidos por el Estado quechua, con la finalidad de “implantar un sistema tributario español basado en el de los Incas”. Buscó y encontró sentido utilitario a ciertas costumbres aborígenes que incorporó al derecho castellano que se venía aplicando en las tierras conquistadas. Así, fue el verdadero y primer gran creador del derecho indiano criollo, orden jurídico que oprimió a los indígenas por más de 300 años.

Juan Polo pudo elaborar y sistematizar este derecho, en virtud a su formación legal y en su condición de, primero, reconocido colaborador del Pacificador Pedro de la Gasca. Segundo, de sagaz asesor del tercer, cuarto y quinto virreyes: Andrés Hurtado de Mendoza, segundo marqués de Cañete; Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva; y Francisco de Toledo, respectivamente. Y, tercero, porque no había ninguna duda o mínima sospecha sobre su profunda fidelidad al rey y absoluta identificación con las medidas y acciones de guerra para la Conquista. Esto es, que se mantuvo prudentemente alejado de las teorías ius-naturalistas y humanistas de los curas dominicos Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas.

No obstante esta situación, en la historia se le ubica a Polo de Ondegardo como el conductor de la escuela de cronistas toledanos, en la que se incluye, además, a otros juristas, como a los oidores Juan de Matienzo y Hernando de Santillán. Los tres, en conjunto, son llamados “cronistas legistas” por el ilustre historiador inglés Sir Clement Markham, quien ubica a Juan Polo como el jefe de la corriente histórica “toledana”. ¿Cómo y por qué esta apreciación? Vayamos a la actuación de nuestro personaje.

Polo desembarcó junto con el primer virrey Núñez. Producidos los ilícitos de éste contra la Real Audiencia de Lima y los drásticos hasta sanguinarios abusos cometidos en agravio de los encomenderos, el soldado-jurista tomó partido por la máxima autoridad judicial del virreinato, es decir, la Real Audiencia. A Blasco Núñez le faltó sagacidad e inteligencia para imponer el mandato de las Leyes Nuevas de 1542 y las adicionales de 1543. Las primeras crearon el Virreinato y las segundas la Audiencia. Quienes las criticaban o se oponían a ellas, de inmediato fueron perseguidos y ajusticiados por el virrey. Como consecuencia de ello, fue llamado “el virrey asesino” (casos de los encomenderos Factor Illán Suárez de Carbajal y Antonio del Solar) y entró en conflicto con los oidores de la primera Audiencia de Lima (setiembre, 1544), a la cual, consecuentemente, desconoció. Los encomenderos –entre ellos, Gonzalo Pizarro– se aliaron a los oidores. Éste, de inmediato se irguió como caudillo de la rebelión.

Dado los vínculos de Juan Polo de Ondegardo con los Pizarro, se puso a las órdenes de Gonzalo, el último de los hermanos que quedaba en el Perú. De acuerdo con el cronista Herrera, Polo participó en la captura del virrey, quien le increpó: “que si con aquellas leyes que juzgaban se aprendían en Salamanca”, a lo que su captor, le replicó: “que se lo dixera si se hallara en Valladolid o en Madrid, pero que aquí no habían leyes”, apunta Porras. De este diálogo, presumimos que, en alta mar, Juan le contó a Blasco, que era licenciado en leyes por Salamanca. El trágico final de este virrey lo registra la historia así como el triunfo de la imposición de la voluntad popular contra el dictador y sus abusos.
Hasta aquí, para Juan Polo todo iba bien. Empero, la cercana relación que había fortalecido con Gonzalo incomodó sobremanera a Francisco de Carvajal, “El demonio de los Andes”, lugarteniente del caudillo. Carvajal dio rienda suelta a sus arrebatos de celos y cuestionó al licenciado valladolidano. Le maltrató y le tomó prisionero en Cusco (1546). Le trasladó a Lima y, afortunadamente, el soldado-jurista logró huir y viajar a Trujillo con la finalidad de unirse al Pacificador y presidente de la Audiencia de Lima, sacerdote y jurista salmantino Pedro de La Gasca, enviado por el emperador Carlos V, con el fin de imponer orden y paz en estas tierras de su vasto imperio, en el cual “no se ocultaba el Sol”. No haciendo ningún favor a los abogados de ayer y hoy, Porras afirma: “Como buen legista, Polo de Ondegardo cambia a tiempo la casaca a favor del Rey”.

De la Gasca –que, supuestamente, conocía a Polo de Salamanca– le exigió explicaciones de cómo es que había participado en la rebelión y en un proceso contra él y sus auxiliares, llamándoles “usurpadores y alborotadores y destruidores del bien de la República, y le habían condenado a la pena de muerte”. Contestó, entonces, que Gonzalo Pizarro había ordenado que se le abriera juicio sumario y se le sentenciara con dicha pena, lo cual se comunicaría al rey para evitar más represalias reales. Según investigación del historiador Teodoro Hampe Martínez, la sentencia sólo fue firmada por el jurista Diego Vásquez de Cepeda, pero elaborada, además, por los licenciados Benito Suárez de Carbajal, Antonio de la Gama, Juan Polo de Ondegardo, Niño y el bachiller Vélez de Guevara. Otros historiadores dicen que el licenciado valladolidano no participó, se abstuvo y hasta persuadió a Gonzalo de no cometer tamaña ilicitud y que se merecía respeto por ser enviado directo del rey y, además, ser sacerdote. Sin duda, esta conveniente explicación agradó al Pacificador. Por ello, le perdonó e incorporó en su ejército, según su tío carnal Zárate, mencionado por Porras.

A partir de entonces, la historia jurídica, militar y política de Juan Polo de Ondegardo va de la mano con la del licenciado De La Gasca. Es obvio que dada la situación de coyuntura, primero serán las acciones y logros como soldado y luego como jurista. De ahí que participó activamente en la batalla de Jaquijahuana (9-4-1548), donde Gonzalo Pizarro fue vencido y muerto. De la Gasca envió al soldado-jurista a la región de Charcas para reducir a los rebeldes. Le otorgó los títulos de Justicia Mayor, Gobernador y Capitán General de la Plata. Desde Charcas organizó las expediciones hacia Tucumán y La Plata, obteniendo resonantes triunfos. El Pacificador le recompensó con “un gran repartimiento en Charcas” (Reparto de Guaynarima, agosto 1548). Sin embargo, debemos anotar que Polo no quedó muy conforme con esa distribución, a la que calificó, años después, de errada, según su informe al licenciado Briviesca de Muñatones sobre la perpetuidad de las encomiendas en el Perú (1561).

Pacificado el virreinato, De la Gasca, en su calidad de presidente de la Audiencia de Lima y conocedor de la formación jurídica de Polo, le encomendó la redacción de “las primeras ordenanzas de minas del Perú, para la mejor explotación de la plata de Potosí”, normas que promulgó el Pacificador antes de retirarse del país (25-1-1550). Lamentablemente, dejó sólo en su pensamiento la intención de nombrarle oidor. No obstante ello, Juan se sintió reconocido y apreciado, amén de que esta cercana relación y colaboración fue el inicio de su larga y exitosa carrera de legista. En Chuquisaca, el soldado-jurista se casó con doña Jerónima Contreras y Peñaloza, nieta de Pedrarias Dávila. Tuvieron seis hijos. El mayor fue bautizado con el nombre de Hierónimo y heredó las encomiendas.

Mientras llegaba el segundo virrey, Antonio de Mendoza, el cual venía de ejercer igual cargo en Nueva España, la administración virreinal quedó en manos de la Real Audiencia que, a la sazón, presidía el ilustre jurista salmantino, Andrés de Cianca, quien vino junto con De La Gasca, como hombre de leyes, compañero de estudios y amigo personal. Polo se dedicó a sus labores agrícolas. El nuevo virrey asumió el cargo el 23-9-1551, y por razones de salud no pudo visitar y enterarse personalmente de lo que pasaba en el país, tarea que se la encomendó a su hijo Francisco. Éste conoció a Polo en Potosí y, al término de la misma, viajó a España para rendir, en nombre de su padre, el informe correspondiente. El virrey agravó y falleció el 21-7-1552.

De nuevo, el gobierno recayó en la Audiencia, presidida entonces por el jurista Melchor Bravo de Saravia e integrada por los oidores De Cianca, Hernando de Santillán y Pedro Maldonado. Empero, la paz y tranquilidad sociales fueron alteradas por Francisco Hernández Girón, en Cusco, el 12-11-1553. Ello aceleró el nombramiento del tercer virrey, Andrés Hurtado de Mendoza, quien hizo su ingreso al virreinato por Paita, donde permaneció un buen tiempo. Después pasó a Trujillo, haciendo lo mismo, para luego venir a Lima y sofocar definitivamente la revuelta. Convocó a Juan Polo de Ondegardo, y éste venció al rebelde en Chuquinga y Pucará.

El soldado-jurista fue premiado por el virrey quien le otorgó la encomienda de Cochabamba y, a la vez, lo nombró corregidor de Cusco (08-08-1558). Cargo que ostentó hasta 1561. Ahí estudió las creencias y costumbres de los indígenas, y descubrió cinco momias de reyes incas, las mismas que fueron enviadas a Lima para que no sirviesen de objeto de idolatría. Hurtado de Mendoza dispuso que se enterraran en el patio del hospital de hombres que había construido, en 1556.

En su corregimiento, Juan Polo dividió a los indios en cuatro parroquias, edificó una iglesia en cada barrio y nombró a los primeros alcaldes y cofradías de indios de acuerdo con las ordenanzas que el virrey aprobó en 1560. Redactó las normas legales para la mejor explotación y administración de las minas de Carabaya. Combatió la idolatría prohibiendo ciertas fiestas que los indios seguían realizando, y para el efecto de control y utilidad práctica elaboró un calendario de las mismas. De ahí su primera obra Tratado y averiguación sobre los errores y supersticiones de los indios (Cusco, 1559), la cual fue adoptada por el Concilio Provincial de Lima, en 1567.

Por su amplio conocimiento del virreinato, Polo de Ondegardo fue llamado por el cuarto virrey, López de Zúñiga, a quien asistió en el nuevo reparto de encomiendas. Después, también fue convocado por el quinto virrey, Francisco de Toledo. La relación con éste fue más profunda y proficua. Estuvo a su lado durante la visita a todo el territorio del virreinato. Toledo ha sido llamado “el Solón del Perú” por haber organizado política, jurídica, económica y socialmente el virreinato peruano. Empero, hay que reconocer que esta obra fue producto de la colaboración y activo trabajo del legista valladolidano. De ahí que el virrey no dudó en mantenerle a su lado durante su larga administración de doce años (1569-1581).

En este extenso período, Polo alcanzó su cenit como hombre de leyes. Recomendó otorgar carácter jurídico a las costumbres e instituciones indígenas que los españoles absorbieron rápidamente para su propio beneficio. En otras palabras, incorporar al derecho castellano todo aquello, sin importar su origen indígena, que convenga a los intereses hispanos, como, por ejemplo, la mita (forma colectiva de trabajo incaico –de la comunidad– en beneficio del Estado, sin necesidad de grandes fiestas, goces u otras retribuciones, como sí se daban en la minka. Esto es, sin practicar la reciprocidad, principio fundamental del sistema prehispánico). Con esta política se da el inicio del Derecho Indiano criollo, y por la manera de sacar provecho de lo indígena, sin destruirlo, hace que el soldado-jurista sea considerado un “indigenista utilitario”.

En este orden de ideas, Polo persuadió a Toledo para prohibir una serie de costumbres indígenas que iban contra la moral cristiana, por ejemplo, el servinakuy o matrimonio de prueba. Lo cual comprobaba la poca estima que los indios tuvieron por la virginidad, concepto eminentemente cristiano y occidental. Esta ancestral costumbre aborigen de la cópula anticipada fue estudiada por el jurista Héctor Cornejo Chávez en la década de 1970, y sus planteamientos sirvieron para que el matrimonio de prueba sea incorporado y reconocido legalmente en la Constitución de 1979 y, posteriormente, en el Código Civil de 1984.

Toledo dispuso que el soldado-jurista compilara las ordenanzas dictadas en los primeros años de su administración. Para ello contó con la ayuda del oidor Juan de Matienzo. Sendos hombres de leyes se basaron en los trabajos previos del jurista y oidor Hernando de Santillán, quien ya había viajado a España (1562). Lo cierto es que gracias a Polo y a De Matienzo, Toledo quiso hacer lo mismo que Vasco de Puga, en México (1563), compilar y publicar la legislación indiana y criolla. Lamentablemente, el esfuerzo no se concretó, empero, la producción legislativa a cargo de estos juristas fue recogida en forma posterior por los compiladores. El historiador Sebastián Lorente la incluyó en su colección de Relaciones de los Virreyes y Audiencias, presentando las ordenanzas de la siguiente manera: I) Para el buen gobierno de reinos del Perú (Cusco, 1-8-1572); II) Para los indios de todos los departamentos y pueblos de este reino (La Plata, 22-12-1574); III) De Minas (La Plata, 7-2-1574); IV) Para el buen gobierno de esta ciudad de los Reyes (Lima, 21-I-1577), y otras más (Tomo I, Lima, 1867).

Polo de Ondegardo “se constituyó en el defensor oficial del Imperio Español y en el impugnador regional de las tesis idílicas del obispo Bartolomé de las Casas”, sin identificarse con las ideas antiindigenistas de Juan Ginés de Sepúlveda, a las que –a ultranza– sí adhirió De Matienzo. En esta misma época, surge el licenciado Francisco Falcón, quien se atribuyó la representación y defensa de los indios, ubicándose dentro de la escuela lascasiana. Fue un acervo crítico de las disposiciones de Toledo y, en consecuencia, adversario de Polo. En un trabajo monográfico realizado en la maestría de Ciencias Penales en la Universidad San Martín de Porras, sostuvimos que Falcón podía ser considerado como el antecedente más primigenio del Fiscal de la Nación en Perú (Lima, 1988), por exigir el cumplimiento del principio de legalidad y justicia para los aborígenes.
Por otro lado, de paso sea dicho, que si bien es verdad que el Solón del Perú fue el gran organizador del Virreinato, no es menos cierto que lo hizo a sangre y fuego. De ahí que el abogado, historiador y antropólogo Luis Eduardo Valcárcel escribiera un importante libro bajo el título de El virrey Toledo, gran tirano del Perú (Lima, 1940). Dentro de estas ubicaciones, habría que decir que Polo se encuentra en la mitad, es decir, entre De Matienzo y Falcón, aunque la razón sea por el interés utilitario que antes hemos mencionado. En verdad, cuidaba a los indios como capital, fuente de riqueza, tanto mano de obra como tributarios.

El historiador Jorge Basadre Grohmann dice que producto de las ideas de Toledo y de las formas jurídicas de Polo de Ondegardo, tenemos las reducciones de indios, auspicio y apoyo a los corregidores, repartimientos de indios, las mitas de plata y azogue, los obrajes, plantaciones de coca, facultades de los caciques, tributos, etcétera. Empero, nosotros agregamos que alguna responsabilidad debe recaer en Polo sobre las acciones que ennegrecen la administración toledana, como, por ejemplo, la instauración del Tribunal de la Santa Inquisición en 1570, el írrito juicio y muerte (degollamiento) que le dio a Túpac Amaru I, en agosto de 1572, después de reducirle por la fuerza al no poderle sacar con astucia de Vilcapampa, donde se encontraba escondido, y desterrar a sus hijos a diferentes lugares del reino. Este hecho fue desaprobado por el rey Felipe II, mediante Real Cédula (21-12-1573), la misma que, según el propio Polo, tuvo por finalidad desagraviar a los indios. Sin embargo, Toledo siguió al mando del virreinato por ocho años más, contando con su valiosa colaboración.


Polo de Ondegardo, además de las dos obras mencionadas, es autor de Relación del linaje de los Incas y cómo extendieron ellos sus conquistas, obra que leyó el Inca Garcilaso de la Vega y así lo apunta en sus Comentarios Reales de los Incas, a la par de afirmar que le conoció personalmente y fue quien le mostró las momias de los reyes incas que había desenterrado y conservaba en su posada. Ordenanzas de las minas de Guamanga (1562), Instrucción contra las ceremonias y ritos que usan los indios conforme al tiempo de su infidelidad (1567), Impugnación a fray Bartolomé De Las Casas en defensa del señorío de los Reyes de España sobre las Indias (1571), etcétera. Porras señala que la obra de Polo “es difícil, confusa y hasta ahora bastante incompleta, porque los escritos del Licenciado circularon manuscritos en su época y de ellos se hicieron diversas copias, con variantes y supresiones y a veces correcciones y ampliaciones del autor”.

Trabajo individual
1. Importancia de las fuentes.
2. Apreciación sobre el artículo.

Entrega: Viernes 31 de octubre

viernes, 17 de octubre de 2014

C.P. HISTORIA

Asignatura: Pensamiento Político, siglo XX
 
LA IDEOLOGÍA PEQUEÑO-BURGUESA PRO-IMPERIALISTA


Como en toda sociedad, el Perú posee en su estructura social sectores que se ubican en la mitad de la pirámide clasista. La sociología norteamericana y burguesa en general denomina a ese segmento como “clase media” o fracciones mesoclasistas que, a decir de ellos, es la clase que quedará como única en el futuro, porque a ella se reducirán por un lado la clase “alta” cuando ésta cobre conciencia de que atesora egoístamente exorbitante riqueza que debería compartirla con otras franjas, y la clase “baja” porque una vez que se instruya ésta, alcanzará mejores niveles de vida material e intelectual.

El materialismo histórico conceptúa, en cambio que, conforme se agudizan las contradicciones, la pequeña burguesía quedará diluida en algunos de los dos polos extremos de la organización social. O se proletariza por no tener poder adquisitivo para subsistir y entonces no le toca sino compartir con los obreros en la lucha de clases, enfrentándose al poder dominante porque lo ha pauperizado (empobrecido). O en su defecto, obtiene alguna ventaja trabajando con denuedo y tesón para encontrar un sitio en la esfera burguesa o espera algún “milagro”, el azar o la casualidad, para situarse en el escalón del sector dominante. Lo más común es que se empobrezca. Tal es lo que ocurrió, por ejemplo, con MANUEL GONZÁLES PRADA, que habiendo pertenecido sus padres a una aristocracia católica y ultraconservadora, terminó relegado por otros congéneres que con mentalidad pragmática se valieron de los oscuros negocios del guano, de la refinanciación de la deuda pública o de su entendimiento con el imperialismo, para insertarse dentro de la oligarquía peruana. Precisamente esta situación lo indigna y según Basadre lo saca de sus casillas y lo hace estallar hasta lanzar imprecaciones contra los defensores del statu quo.

Es verdad que Prada como mediano rentista de su hacienda “Tutumo” y de sus solares limeños tiene ingresos superiores a sus gastos de manutención y sufraga sus necesidades con su propio estipendio, pero esta clase de intelectuales, según explica Mao Tsetung, en tiempos de guerra se unen a las acciones. Y esto es lo que hace Prada en pleno conflicto bélico. Por ello le mortificará la conducta del presidente Mariano Ignacio Prado; pero las energías de Gonzáles Prada que muy bien podrían haber sido correctamente canalizadas a través de una paciente organización partidaria, aprovechando la correlación de fuerzas existente en ese entonces, no las emplea.

Gonzáles Prada está desesperado porque la revolución se haga inmediatamente y a nivel universal. No cree en los pasos trazados por la ideología proletaria. Más lo convencen Bakunin, Kropotkin, Réclus y Faure, y entonces su lucha no la dirige sólo contra las clases que están instaladas en el poder (terratenientes, burguesía incipiente y testaferros del imperialismo), sino contra todas las clases y sectores sociales, contra todas las autoridades e instituciones, para finalmente terminar sin partido, sin organización y sin éxito.
Por acusar y poner en el banquillo a todo el mundo, termina sin afectar los intereses del capitalismo monopólico que continuará esquilmando en los enclaves . Y tal es lo que acontece también con Haya de la Torre que, siendo de abolengo aristocrático (según su biógrafo Eugenio Chang Rodríguez), al llegar a Lima ya no puede competir en San Marcos con los Aspíllaga, Miró Quesada, los Prado y los Pardo. Empezará así a combatirlos primero desde la trinchera de la Federación de Estudiantes del Perú y después desde su propio partido. Imbuido de literatura anarquista y marxista, su comportamiento sin embargo varía de matiz; utiliza un lenguaje pugnaz en sus intervenciones como estudiante y político; pero, en su afán de trepar a posiciones más expectantes, por su condición económica cercana a la mediana burguesía, capituló dando crédito a la propaganda de ésta y en su intimidad empezó a desconfiar de la revolución que su séquito esperaba. Por ello, Haya finaliza desairando a Barreto en Trujillo, a los marineros en el Callao, a Jiménez en Ancash; por esta misma razón, cuando De la Puente, Malpica, Valle Riestra y De las Casas le increpan por la dilación (tardanza) de las acciones revolucionarias, se incomoda y concluye decretando la expulsión.

La conducta pequeño-burguesa es como sabemos, fluctuante, versátil y oportunista, y la inconveniencia más clara en el panorama de la lucha de clases reside en que, cuando dicha clase está conducida por líderes que están más cerca de la burguesía, rematan hipotecando su programa a favor de la clase fundamental que tiene el control de los medios de producción, esto es, si bien al comienzo pueden proclamar banderas antiimperialistas, al final acaban sometiéndose a los designios del capitalismo monopólico. He ahí su carácter pro-imperialista.

De los pequeño-burgueses que ocupan el escaño parlamentario o de los que ofician de funcionarios, así como de los juristas y asesores tampoco puede esperarse acciones que favorezcan a las clases desposeídas. Esto es lo que sucedió con Hildebrando Castro Pozo y Luciano Castillo, que llegaron a fundar en Piura un Partido Socialista desorientando al campesinado y proletariado, o el caso de Uriel García, José Antonio Encinas y Luis E. Valcárcel, que siendo indigenistas y sensibles frente a la opresión del campesinado peruano, por conservar su situación de clase no arriesgaron a nada. Es cierto que no se pronunciaron en contra de la revolución bolchevique, pero también es cierto que su contribución a la forja del proletariado no estuvo dentro de sus objetivos. El suceso más aleccionador es el de Valcárcel, quién después de haber anunciado poéticamente en Tempestad en los Andes la presencia de un Lenin peruano, a partir de 1945 y coincidentemente cuando ejercía la función de Ministro de Educación, modificará sus puntos de vista ante la agresión yanqui y finalizará facilitando la entronización de éste en los asuntos culturales de nuestro país. Esto no quiere decir que todo lo ejecutado por el indigenismo haya caído en saco roto. Si tenemos en cuenta las limitaciones de clase que poseen los movimientos reformistas y populistas de este género, coincidiremos con Carlos Iván Degregori que sintetiza este humor en las siguientes características:

• Su pensamiento sobre el pasado, porque algunos de ellos pidieron su retorno al Tawantinsuyo.
• Su racismo, porque estuvo dirigido a defenestrar a los blanco e hispanos.
• Su exotismo, porque algunos pequeño-burgueses se sirvieron para mercantilizar la indumentaria autóctona (chullos, ponchos, mantos, etc.).
• Su paternalismo,  porque creyeron que invocando a los gobernantes de turno como Leguía, podría obtenerse la compasión de la clase dominante.
• Su populismo,  porque insufla en demasía el papel del campesinado con olvido de la ideología proletaria.

Se registra entonces en el Perú hasta el instante en que sale a la palestra José Carlos Mariátegui, el que al haber identificado como Gonzáles Prada, el “problema del indio” como un problema nacional, según José Aricó en una “forma particular y concreta” y al haber señalado el papel del proletariado, de las masas rurales y de los intelectuales en la revolución habría de entregar una de las más importantes contribuciones al país, y al mundo.

Fallecido el Amauta, en las décadas del treinta y cuarenta, brotan opacamente algunas tendencias neoindigenistas, hasta que en 1955, emerge el Movimiento Social Progresista, cuyo ideólogo más visible fue Augusto Salazar Bondy, pero su pensamiento es también de cuño pequeño-burgués. Salazar y todos los integrantes de ese movimiento conceptuaban que la prédica marxista de contribuir a situar al proletariado en el poder, era dañino porque limitaba los derechos de las otras clases sociales y atentaría contra todo principio democrático y revolución auténtica. Y es que, si bien Salazar no tiene por objetivo inmediato el amasamiento de fortunas, puesto que su cenáculo está conformado por intelectuales de clara tendencia idealista-ética, sin embargo en la confrontación “terratenientes-yanaconas”, “burguesía-proletariado” no optan por una línea clara. Prefieren mantenerse neutrales, aunque no se oponen a la revolución; algunos de ellos simpatizan con la gesta cubana de 1959 aunque otros se quedan estupefactos. Pero Marx, en Miseria de la Filosofía ha aclarado suficientemente que apelar al humanitarismo o a la filantropía, para reclamar que el Perú redoble sus ingresos levantándose temprano y acortándose tarde, no tiene como meta el socialismo, sino convertir a todos los hombres en burgueses. He ahí el carácter pro-imperialista de las tendencias “humanistas”.


Termina esta tercera parte del texto, adjuntando sucintamente el pensamiento de David Sobrevilla Alcázar, intelectual que vienen dedicando sus esfuerzos a la estructuración de una completa Historia de las Ideas en el Perú. La periodización de las épocas del pensamiento peruano y la clasificación de los pensadores por cada época no difiere sustancialmente del cuadro que nos ofrece Salazar Bondy o Miró Quesada. Está ausente el carácter de clase del pensamiento de cada uno de nuestros intelectuales. Y esto porque Sobrevilla no es un filósofo marxista. Es un estructuralista. Sin embargo, es rescatable su opinión en torno a que la filosofía no puede servir sólo al país en el cual nace. Concuerda en ese sentido con Guardia Mayorga, en la dimensión ecuménica de la capacidad reflexiva.

Trabajo:
- Elaborar preguntas en base a la lectura. (Para el martes 21 de octubre)

jueves, 2 de octubre de 2014

C.P. HISTORIA

ASIGNATURA: HISTORIA UNIVERSAL II

Desarrollar CINCO Ideas principales sobre el video: 
Renacimiento: conmercio y burguesía